lunes, 18 de abril de 2011

Aterrorizados u horrorizados

Efraín del Castillo

Por más que la inmensa mayoría de ciudadanos de este país clamamos por la paz, nada más no vemos para cuando. Ya hasta nos advirtieron que este “clima” de terror u horror va a durar por lo menos unos siete años más. Hemos visto en las últimas semanas hechos tan reprobables que nuestra capacidad de asombro no alcanza a agotarse. El asesinato múltiple en el estado de Morelos y ahora más recientemente, la masacre de más de cien personas en Tamaulipas que verdaderamente nos tiene impactados. ¿A dónde vamos a llegar? ¿Hasta cuando va a terminar esto? ¿Teníamos necesidad de vivir esta etapa tan difícil y complicada? ¿Para qué? ¿Cuál era el sentido?
Hay quienes ya comparan esta guerra sin sentido con la matanza de Tlaltelolco y con el sismo de 1985, en el sentido de que jamás se sabrá el número exacto de muertos y desaparecidos y que muchos de ellos jamás serán encontrados por sus familiares y amigos. Se habla de cadáveres en estado de descomposición en los servicios forenses ante la falta de capacidad para practicarles las neurocirugías.
Será guerra o no, porque inicialmente así la llamaron tanto Felipe Calderón como sus colaboradores y serán terroristas -como quieren equiparar los norteamericanos a los criminales organizados mexicanos- o no, pero lo cierto y en lo que no cabe duda es que los ciudadanos estamos horrorizados. Son varios los estados del país donde la incertidumbre es tan grande que la gente está prefiriendo migrar tanto a otros estados como al vecino país del norte. Ya se ha tocado el tema en este espacio. Quienes tienen la capacidad económica para hacerlo, no se han tocado el corazón para irse. Son familias enteras. Quienes no tienen esa posibilidad, han debido quedarse y exponerse a los riesgos que entraña una situación de la enorme gravedad que se está viviendo. No les gusta que hablemos así y ya hasta han diseñado su “iniciativa” específica para seguir induciendo hacia la percepción de un país color de rosa.
Las palabras de Javier Sicilia reflejan la extrema gravedad de lo que pasa. Son las palabras de un padre indignado y refrescan lo dicho hace un par de años por Alejandro Martí, ante similares circunstancias. Ambos perdieron a sus hijos en hechos de violencia asociados a la guerra sin sentido. Son dos “garbanzos de a libra” que pueden tener acceso a los medios de comunicación y pueden alzar la voz para repudiar lo que pasa y que también le ha pasado a miles de familias que no tienen la manera de hacerse escuchar. Sus expresiones quedan grabadas en la mente de los ciudadanos y serán recordadas por años, pero de nada servirán si no se logra activar verdaderamente la participación de la ciudadanía. Se quedarían solamente en ejercicios de catarsis.
Sobre el mismo tema, la semana pasada se abrió un nuevo punto de debate. Michael McCaul, presidente del Comité de Seguridad Interna del Congreso estadounidense planteó la propuesta de clasificar a seis cárteles mexicanos como grupos terroristas y darles el trato correspondiente. Incluso equiparó su comportamiento con el de Al Qaeda. De inmediato, el embajador mexicano Arturo Sarukhán se metió a la polémica y señaló que esas organizaciones se comportan más como empresas que como organizaciones terroristas. Pidió que se les llame “organizaciones criminales trasnacionales”. Ahora que los norteamericanos se han percatado que estas organizaciones ya están presentes en cientos de ciudades de ese país, han asumido una preocupación por todo lo que está por venir. Ya están poniendo sus barbas a remojar. Sean terroristas o no, lo cierto es que sus acciones provocan terror y pánico entre la gente y generan un enorme horror por las formas tan despiadadas como están masacrando a sus víctimas. “Ya no hay códigos” dijo alguien hace unos días. Efectivamente, ni códigos, ni valores están siendo respetados y eso agrava aún más las cosas.
El embajador mexicano ante el gobierno de Barack Obama argumenta que los criminales organizados tienen como meta la de “maximizar sus ganancias”. Es decir, no tienen ideales políticos o religiosos. Los mueve únicamente la acumulación de capital. Su lógica es mercantilista. Llámense como se llamen, lo esencial es que para la realización de sus actividades, están agraviando a un país entero y empiezan a generar problemas en el vecino del norte. Aunque los empresarios del duopolio nos quieran manejar la idea de que no pasa nada, lo cierto es que si pasa y es de suma gravedad. No se si haya alguien que haya estado exento de padecer o conocer al menos a algún afectado, sea que haya perdido a un familiar, que le hayan secuestrado a un amigo, que lo hayan cateado violentamente, que lo hayan detenido por confusión, en fin, que directa o indirectamente haya sufrido los estragos de esta absurda guerra. El terror y el horror se sienten, se perciben, se padecen, duelen. No podemos hacernos como si no pasara nada y permanecer indiferentes ante el dolor ajeno y sólo reaccionar hasta que se vuelve propio.

lunes, 11 de abril de 2011

ESTRÉS HÍDRICO

Efraín del Castillo
El estiaje es un fenómeno que anualmente ocurre cuando los niveles de disponibilidad de agua se reducen como consecuencia de la falta de lluvias,  afectando los caudales o volúmenes de los diversos cuerpos de agua a lo largo de varios meses.  El cambio climático se ha hecho acompañar de modificaciones en los patrones de comportamiento de las lluvias y esto ha dado lugar a un nuevo fenómeno, el ahora conocido como “estrés hídrico”, que no sólo tiene efectos adversos en los cultivos agrícolas y en los sistemas de producción animal, sino que está amenazando severamente a las sociedades humanas, debido a la reducción de la disponibilidad de agua per cápita..
Son varios los factores que determinan una situación de “estrés hídrico”. Por un lado, esto ocurre una vez que la demanda de agua rebasa la disponibilidad de agua en un lapso determinado. También, en aquéllos casos en que la calidad del líquido no satisface los requerimientos normativos para ciertos usos, como bien lo conocemos los mexicanos.  Además, no deben dejarse de lado las disparidades en la distribución que se dan a favor de ciertos grupos con mayor capacidad económica  y en detrimento de otros en situación de pobreza, como millones de mexicanos.
 “Dios da el agua, pero no la entuba” reza el viejo refrán. Efectivamente, ni la entuba, ni la acopia, ni la potabiliza, ni la rebombea, ni la distribuye domiciliariamente, ni varias cosas más que se hacen necesarias para que el agua pueda ser utilizada en los hogares. A lo largo y ancho del país, se hacen esfuerzos para mover la conciencia de los ciudadanos y evitar el despilfarro o el uso inapropiado del agua. Cada año, cuando los niveles del agua se reducen a valores alarmantes, se refuerzan dichas acciones y se invita a la gente a no caer en desperdicios y a ser muy responsables con el uso del vital líquido. En estos días, surgieron voces que nos recordaron que el agua disponible hoy en día, es la misma que existe sobre la faz de la Tierra desde sus orígenes. Cierta o no esta tesis, lo que si es claro es que la población ha aumentado y las condiciones económicas han modificado diversas circunstancias que limitan el acceso de los ciudadanos al agua.
 “Las próximas guerras serán por al agua” es otra premisa que ya data de hace varios años. Ya lo hemos experimentado en carne propia los mexicanos en el caso de la Presa El Cuchillo, que ha provocado diferendos entre los gobiernos estatales de Nuevo León y Tamaulipas. En el Valle del Mezquital, la violencia ha aflorado en pos del agua residual que se utiliza para regar los cultivos agrícolas. Los candados de las compuertas de las presas han sido “volados” por los campesinos para liberar el agua que la autoridad federal les restringe en época de sequía. Hace unos días, Felipe Calderón dispuso que el agua del Río Balsas pudiera ser utilizada por decenas de comunidades que antes nada más la veían pasar. En La Comarca Lagunera, un factor de la producción agrícola más importante que la tierra es el agua; quien no tenga actualizado el “derecho del agua” no recibe autorización para sembrar o el que desea rentar su tierra, no puede hacerlo si no dispone de aquel primer requisito.
Los técnicos señalan una serie de consecuencias que acompañan a este grave y delicado problema. La gente común solamente adquiere conciencia cuando finalmente le falta el suministro de agua en su casa. Incluso, Morelia es uno de los pocos municipios donde si se corta el agua por falta de pago. Hay polémica en cuanto a la razón para hacerlo. Sin embargo, hay que aceptar que es preciso que se forje esa cultura del pago, pero aún más es indispensable que se consolide la cultura del uso racional del agua y que se implementen medidas específicas para reducir los niveles de gasto. Sigue siendo excesivo el volumen que se consume en los hogares y sigue siendo insultante la brecha entre quienes la tienen en demasía y los que carecen de ella.
Las cifras oficiales son tan alarmantes  que de una disponibilidad de 31 mil metros cúbicos de agua por habitante, hemos pasado a sólo 10 mil metros cúbicos en el último siglo. ¿Así o más grave? Hoy estamos reconociendo que en algunas regiones del país, se dispone de tan poco agua como la que tienen algunos países del norte de África.
Hace unos días, se presentó una Agenda hacia el 2030 que ha sido integrada luego de una consulta a expertos, servidores públicos, académicos, organizaciones sociales y demás. En ese contexto, se reconoció que lamentablemente un 15% del total de agua se obtiene de manera no sustentable